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Encuentros Furtivos · Antologia · Adelanto

3/6/16

Adelantos
«—No puedo olvidarme de ese beso —espetó sin tapujos. Iría directo al grano, y al infierno con las consecuencias—. Te juro que lo he intentado, te lo juro, pero no puedo.
—¿Qué? —preguntó la joven con un hilo de voz.
Ian le acarició los pómulos con los pulgares. Incluso medio adormilada, con el cabello castaño enmarañado, estaba increíblemente hermosa.
—No puedes besarme y abrazarme del modo en que lo hiciste y luego ignorarme como si no existiera. Sencillamente, no puedes.
Jacqueline comenzó a respirar con pesadez. Le envolvió las muñecas con las manos y lo miró con los ojos muy abiertos.
—Ian, lo que sucedió entre nosotros...
—Ni se te ocurra decirme que fue un error —la interrumpió él, rechinando los dientes—. Hiciste lo que sentiste, y a hacer lo que uno siente difícilmente se le puede llamar error».


«—No quisiera herir sus sentimientos, señorita, pero no tengo ninguna intención de comerme nada de lo que pueda ofrecerme. —Ignoró la ceja altanera que había salido disparada hacia arriba en su precioso rostro y prosiguió—: Tan solo dígame una cosa, por favor: ¿está usted sorda?La joven casi se atragantó.
—¿Cómo dice? —Que si está usted sorda —respondió él, sintiendo cómo la irritación volvía a crecer en su interior—. Es lo único que explicaría que ponga la música a todo volumen noche tras noche, sin tener en cuenta lo molesto que resulta para la comunidad. Su vecina cruzó los brazos bajo el pecho y levantó la barbilla, insolente.
—¿Para la comunidad? —replicó, con un amago de sonrisa en sus carnosos labios, gesto que no hizo más que exacerbar a Neil—. No he recibido ninguna queja de ningún vecino; salvo de usted, claro. —Lo miró con atrevimiento de arriba abajo—. Aunque tampoco me extraña que sea el único. Ahora le llegó el turno a él de enarcar una ceja.
—¿Ah, no? ¿Y eso por qué? Ella acortó la distancia que los separaba adelantando unos pasos y apoyó un hombro en el marco de la puerta.
—Porque tiene pinta de ser un tipo de lo más aburrido. —Su mirada trepó por su esternón, ascendió por su amplio cuello, su mandíbula, hasta clavarse en sus ojos. Y entonces dijo en un tono de voz algo pastoso—: Muy atractivo, eso sí, pero aburrido al fin y al cabo».